Como veníamos diciendo...
Había dicho que para Navidad iba a publicar algo, que, de hecho, publiqué... pero no les avisé, así que pocos pudieron haberlo visto.
Bien, aquí va en este nuevo blog. Dejo las mismas canciones que eran apropiadas para ese momento del año y no tanto para ahora que estamos en plena cuaresma... sin embargo, el mismo Niñito Jesús de la Navidad es el que pasa por la Cruz para mostrarnos con su Resurrección cuál es el Camino.
Comenzaremos el año, entonces, distendidamente... Dejando lugar a que si hubieran quedado cosas para charlar de lo que habíamos visto, pudieran ser vistos en estos primeros días.
Dos videos y las prometidas reflexiones adicionales de "Oh el
amor"
Ambos videos tienen la misma canción,
en el primero están los subtítulos y una traducción cantable (no literal).
En el segundo, la filmación de esa canción. Sin subtítulos.
Oh, el amor, el amor… algunas reflexiones adicionales
Como habíamos visto, una enorme cantidad de canciones hablan de amor. Habíamos reflexionado sobre ello, pero habían quedado cosas en el tintero... Así que, según lo prometido, ahí van las
reflexiones adicionales…
Las clases de amores… y otras clases de amores
Las tres clases de amores (padres-hijos, hermanos/amigos, y
de hombre-mujer) que hemos dicho, son eso: "tipos" o
"clases" de amores.
Entonces, por una
parte, hay que decir que, por ejemplo, el afecto de los
abuelos o de los tíos pertenece a la misma clase que el que se tiene
por los padres, lo que no significa que sean lo mismo, por
supuesto. Algo parecido sucede con gente que uno conoce y aprecia, si
es gente de la misma edad de uno, el afecto será similar al de
la a mistad, si esa gente es mucho mayor que uno, probablemente se
asemeje, aunque sea lejanamente, al afecto hacia los padres, abuelos, tíos...
Toda esta aplicabilidad está dentro del orden natural de las
cosas.
Pero, por otra
parte, también puede suceder que uno aplique esas formas de amor a otras
cosas o seres. Por ejemplo, una persona puede tener a su perrito como si fuera
un hijo, y lo trata como tal, hasta el punto en que en su psicología
"es" un hijo (por supuesto, hasta algún punto es entendible que a
un perrito se lo trate como a un chico, pero hasta algún punto... acá estoy
describiendo un caso exagerado, es solo un ejemplo). Tal vez esa persona
puede decir que esa es otra clase de amor, pero, lo que hace, en realidad, es
aplicar el amor padre-hijo a su mascota. Pero la realidad es
que no es un hijo, es un perrito.
Otro ejemplo (solo un
ejemplo también), un chico podría enamorarse de una
chica-que-es-un-personaje-de-una-novela, no es que piensa llamar por teléfono a
la actriz que hace de ese personaje, no le interesa la actriz, él está
enamorado del personaje, una chica que no existe… dice que él la quiere mucho,
que es linda, que es buena, que es perfecta y que como no va a encontrar en el
mundo real una chica como esa, él está enamorado de ella. Entonces reclama que
hay otra clase de amor que sería el de chico -mujer-pero-personaje-de-una-novela.
Pero lo que hace, en realidad, es aplicar la clase de amor hombre-mujer, ese
tipo de afecto, a un personaje. Pero la realidad es que no es
una mujer, sino un personaje, una chica que no existe.
En los ejemplos anteriores uno podría
decir ¿es lindo tener un perrito y tratarlo bien, quererlo mucho y disfrutar de
la compañía del perrito? Sí, es lindo… pero ¿hasta qué punto hace bien que uno
lo crea verdaderamente un hijo? Uno podría decir ¿es lindo leer una novela,
identificarse con los personajes? Sí, es lindo… pero ¿hasta qué punto hace bien
que uno se enamore de un personaje? En ambos casos se produce un engaño
a sí mismo que más tarde o más temprano significará sufrimiento.
Porque está aplicando una clase de amor a algo que no puede
aplicarse sin que signifique un engaño (y puede llegar a ser un engaño
grave)… que, más tarde o más temprano, traerá sufrimiento.
¿Pero son solo esas tres clases de
amores?
El gran Clive Staples Lewis, el autor de
Crónicas de Narnia y de otras muchas obras, habla de cuatro amores
en su libro, precisamente, “Los cuatro amores”, agrega el amor-caridad,
teniendo en cuenta el aspecto sobrenatural del amor.
Pero hay quienes dicen
otra cosa. Lo que dicen es que, además de los tres amores, existen otras
variantes. Sin embargo…
Nuestro mundo, nuestra naturaleza, está
dañada desde el principio de los tiempos, pero, a pesar de ese daño, se nota un
orden, el orden natural que mencionamos más arriba. Es un
orden que se nota en todo, desde las órbitas de los planetas hasta en la
estructura de un átomo. Ese ordenamiento que tiene la naturaleza no está en
nuestra contra sino a nuestro favor. Y, además, ese ordenamiento no es algo que
simplemente “funciona” como si fuera una máquina compuesta por muchos
engranajes. Ese ordenamiento no es algo frío como eso, sino que tiene una
calidez comparable al afecto de una mamá que ha preparado una habitación
esperando el nacimiento de su hijo. Si ahora pensamos en una mamá que está
preparando una merienda a su hijo que se va a pasar el día a un paseo…
seguramente le va a preparar algo que al chico le guste, porque si no le gusta
probablemente pasará el día sin comer.
De esa manera, con esa calidez del amor de
madre, en la naturaleza parece estar todo pensado para que la humanidad
sobreviva, como de hecho ha sucedido, por miles de
años.
Si está todo pensado es porque Alguien lo
ha pensado. Es decir, Dios, en su infinita bondad e inteligencia, ha hecho todo
para nuestro bien. De esa manera, las personas de todos los tiempos se han
alimentado, y se alimentan, pero no pensando en que deben sobrevivir, sino
porque tienen hambre, porque les gusta la comida, porque se juntan con amigos o
con la familia, es decir, es algo que hacen naturalmente. De la misma manera,
las personas se enamoran, se casan, tienen hijos, y los hijos después les dan
nietos, etc., etc.
Claro, una persona podría rebelarse contra
ese orden que está pensado para su bien y hacer otra cosa. Por ejemplo,
nosotros estamos hechos para caminar con los pies, pero alguno podría decir “yo
quiero caminar con las manos”, y tal vez, más o menos camine… Por supuesto, se
encontrará con muchísimas dificultades, entonces protestará que todo en la
sociedad está hecho para los que caminan con los pies y que él quiere caminar
con las manos… Entonces, a fuerza de protesta tal vez logre que le acomoden
todo a su alrededor para que pueda caminar con las manos sin que nada le
moleste… Pero… de todas maneras, más tarde o más temprano, eso significará
sufrimiento, por la esclavitud a la que lo habrán llevado sus propios
caprichos. Porque al principio se sentirá libre porque hace lo que él quiere a
pesar de lo que diga la naturaleza… pero lo que le dice la naturaleza es por su
bien. Más tarde o más temprano se dará cuenta de que la libertad estaba en
caminar con los pies.
Lo anterior es un ejemplo que nos sirve
para entender lo siguiente: La naturaleza de las cosas representa un
orden objetivo. Cuando se trata de ejercer la libertad fuera de ese orden
objetivo se cae en un desorden grave que atenta contra la misma libertad,
este desorden aparta de lo real y produce en el que cae en él un
condicionamiento tan atroz que hace padecer una verdadera forma de
esclavitud.
Hay quienes dicen que el amor no se puede
definir, que cada uno lo ve como algo distinto, entonces cada uno tiene su
opinión. Sin embargo…
A la opinión hay que confrontarla con la
realidad. Un mismo objeto, una misma realidad, puede ser vista por varias
personas. Cada una de ellas tendrá su punto de vista. Cada una de ellas tendrá,
entonces, su opinión.
¿Hay que respetar todas las opiniones?
¿O hay que respetar a las personas?
A veces no pueden hacerse ambas cosas a la
vez, pero es indudable que hay que respetar a las personas. Si un amigo me
anuncia alegremente que estrellará su frente contra una pared de cartón, pero
yo veo claramente que esa pared es de cemento… por respeto a mi amigo, y sobre
todo por el aprecio que como amigo le tengo, debo necesariamente no respetar su
opinión y advertirle que yo veo claramente que esa pared no es de cartón sino
de cemento.
Pero hay quienes insisten que no se puede
definir el amor.
Sin embargo…
Que algo nos parezca difícil de definir no
quiere decir que no haya definición. Que algo pueda ser visto de distintas
maneras no quiere decir que ese “algo” sea cualquier cosa. Y si ese “algo” es
eso y no cualquier cosa, quiere decir que, de alguna manera, debe poder decirse
qué es y qué no es.
Una mamá que deja a su hijito en el
jardín: el chico “siente” que su mamá lo ha abandonado, y la mamá “siente” que
se le parte el corazón por ver al chico llorando, son dos puntos de vista. La
mamá entiende que es por el bien del chico, que, en algún momento, debe superar
el separarse de ella. Lo que hace es porque quiere el bien de su hijito. Y eso
es amor.
Hay quienes dicen que uno
tiene que hacer lo que “siente”. Sin embargo…
Lo que a uno le gusta, lo que a uno le
parece, lo que uno siente… no es garantía, no es criterio suficiente, las cosas
no se convierten en buenas solo porque nos gustan o porque sentimos que son
correctas… Hay que recordar que nuestra naturaleza está dañada y nuestras
percepciones pueden engañarnos. Un árbol determinado puede dar un fruto que
puede parecernos de aspecto y sabor agradables y que, sin embargo, sea
dañino.
El “sentimiento” es algo que medio que
hace "lo que quiere", incluso al margen de la persona que lo
siente... Es decir, alguien puede "sentirse enamorado" de una persona
que ni conoce y que acaba de atenderlo en la panadería, casi de la misma manera
en que puede sentir que debería darle un golpe de puño al colectivero, porque
tiene una cara que no le cayó bien... Pero una persona que siga ciegamente esos
sentimientos no será una persona libre, sino que sería esclava de sus propios
sentimientos, sería como actuar por instinto, como un animalito. Por algo las
personas tienen la cabeza por sobre el corazón, es decir, la inteligencia debe
gobernar los sentimientos.
También puede suceder que ese sentimiento
persista, que no sea algo pasajero (“pasajero”, ¡como el que subió al
colectivo!), y que un muchacho en verdad se enamore de la chica que lo atiende
cada vez que va a la panadería... Y puede suceder que, por distintas razones,
se trate de un amor imposible; puede suceder incluso que ambos estén enamorados
y que hubiera razones por las cuales no sea bueno hacer caso a ese sentimiento.
En esa circunstancia, porque ese sentimiento es en sí algo con apariencia
agradable, es fácil confundirlo con una divinidad, y si uno lo confunde con una
divinidad, está claro que le ofrecerá sacrificios... es decir, nada importará,
y podrán destruir sus vidas con tal de rendir culto a esa divinidad, a ese
sentimiento (a ese “estar enamorados” que parece estar por sobre todas las
cosas).
Por eso, por más que sea un
"sentimiento hermoso", a veces no es posible y siempre es necesario
el gobierno de la inteligencia para obrar con verdadera libertad. Por supuesto,
esto puede parecer algo de una absoluta frialdad, pero en realidad se trata de
un amor más elevado, que, además, incluye un verdadero amor hacia esa persona
de la cual estaba enamorado, porque sabe que le hará un bien renunciando a
ella.
Ese "amor más elevado" (ante el
cual el enamorado que quiere obrar bien ofrece como sacrificio su propio dolor
a causa de un amor imposible) en el que se fundamenta la decisión de obrar bien
(es decir, de acuerdo a la Bondad y a la Verdad) es un Amor que está más allá
de los límites del tiempo, y que hace que se perciba el carácter superficial y
efímero (precario, perecedero, fugaz) que tienen algunas cosas en las cuales
ponemos equivocadamente nuestras esperanzas de felicidad.
De alguna manera, muchas veces los seres
humanos somos como niños pequeños, que a veces quieren algo que no es bueno
para ellos y lloran cuando les es negado. La que a un niño pequeño le niega lo
que quiere suele ser su madre, y lo hace porque lo está cuidando y quiere el
bien para él. Si el niño fuera capaz de un acto de madurez se daría
cuenta.
Cualquier persona que se preguntara
seriamente, se daría cuenta de que hay un diseño en la naturaleza y de que hay
Alguien detrás de ese diseño. Y si esa persona siguiera buscando la Verdad en
todo, no sería para nada extraño que llegara a darse cuenta de que es ese
Alguien quien sostiene en el ser a todas las cosas, que nos ama y que quiere
nuestro bien.
De esa manera cualquier persona podría ser
capaz de ese acto de madurez que lo llevará a aceptar que no todo lo que
“siente” como un bien realmente lo sea.
En ese sentido, si uno busca a tiempo
completo el "sentirse bien", se verá decepcionado, pero si uno busca
"obrar bien", obrar con bondad… el "sentirse bien" llegará,
finalmente, como añadidura.
-Todo bien, pero ¿dónde están las
consignas? ¿qué preguntas hay que responder? ¿qué hay que hacer acá?
Antes de hacer, antes de fabricar,
antes de construir nada, hay que dedicar tiempo a mirar y a
escuchar... Si alguien quiere componer música, tiene que escuchar
música... Si alguien quiere escribir una novela, tiene que leer o escuchar
historias...
Si no se hace eso, si uno no se interesa
en ver cómo son las cosas, se corre el riesgo de creer que uno ha inventado
algo cuando, en realidad, lo que ha hecho es algo que hace rato que está inventado (lo cual, por supuesto, no importa, la tontería es creer que uno lo ha inventado)... o, peor
todavía, de hacer una obra de una calidad pobre o mala... Nadie sensato querría
vivir en una construcción hecha por un albañil que jamás quiso ver cómo se
hacía una casa...
Toma nota de lo que quieras decir y dilo
en la próxima clase.