Un sentido interno
Cuando a cualquier grupo de personas
se le asigna una tarea, se produce una primera gran división: -los que cumplen
la tarea y -los que no cumplen con esa tarea.
Pero hay otras distinciones.
Pongamos por caso que nos han
asignado la tarea de leer el “Martín Fierro”. Pongamos por caso que yo no tengo
ninguna gana de leer el “Martín Fierro”, entonces busco un resumen, o algo, y
me las arreglo para contestar las preguntas que me dieron ahorrándome la
lectura. De esa forma es posible que apruebe, y si así sucede, habré cumplido
con el trámite, listo, asunto terminado… A simple vista no hay mucha diferencia
entre el que leyó el libro y yo que no lo he leído. Pero... no nos engañemos,
yo no he recibido lo que la real lectura del “Martín Fierro” hubiera podido
darme.
Desde algún punto de vista, podría
verse como beneficioso el uso de esta estrategia, después de todo, tal vez esté
ahorrándome un montón de cosas innecesarias. ¿Quién me garantiza que lo
que los profesores me ofrecen sea lo que realmente me sirva?
Es más, el uso de esta estrategia
tal vez esté ahorrándome un montón de cosas que podrían resultarme
perjudiciales. ¿Quién me garantiza que todo lo que los profesores me
ofrezcan (en la escuela, colegio, facultad, etc.) sea realmente bueno para mí?
Esta última pregunta puede ser
preocupante.
Porque todos siempre estamos
buscando lo que creemos que será bueno para nosotros.
Podríamos decir que todos, aun sin
darnos cuenta, estamos buscando un tesoro, porque estamos constantemente
buscando lo que para nosotros realmente vale, aunque en la búsqueda muchísimas
veces equivocamos el camino. Entonces, ciertamente, como el asunto realmente
nos importa, la pregunta puede ser preocupante.
Sin embargo... Hay en nosotros un
sentido interno que puede orientarnos, es decir, que puede guiarnos hacia el
tesoro, aún en medio de la bruma o de la oscuridad.
Pero, ojo, el sentido interno al que
me refiero no es aquel que nos dice “Lo que yo siento es que no tengo ganas de
hacer la tarea”. Ese “lo que yo siento” es muy engañoso y fuente de numerosos
problemas. Si en nuestra vida actuáramos guiados exclusivamente por “lo que yo
siento” no nos diferenciaríamos mucho de los animalitos, que van de un lado a
otro, solo guiados por lo que “sienten”. Es nuestra inteligencia la que tiene
que gobernar sobre ese “lo que yo siento” para que nuestra voluntad se mueva en
la dirección correcta.
Entonces, el sentido interno al que
me refiero, y que nos servirá de guía en la búsqueda del tesoro, es
tener una sincera y serena disposición hacia lo que es Verdadero,
lo que es Bueno, lo que es Bello, sabiendo que todo eso
constituye una Unidad.
Considerando eso, por una parte,
podemos darnos cuenta de que si algo nos parece atractivo pero vemos que no
participa de la verdad y de la bondad, entonces es un engaño. Y, por otra
parte, puede que algo no nos resulte atractivo y que, sin embargo, veamos que
participa de la verdad y la bondad, podríamos darnos cuenta, entonces, de que
es de una belleza que tal vez no alcanzamos a percibir.
Teniendo presente que buscamos un
tesoro, podríamos resumir el párrafo anterior en dos frases parecidas, pero no
iguales. “No todo lo que brilla es oro” y también “No
todo oro brilla”.
Tal vez podamos abordar nuestras
obligaciones diarias con ese espíritu de búsqueda, acaso se encuentren allí indicios o
vislumbres del tesoro, y si no se encuentran, al menos, el esfuerzo realizado
será parte del camino correcto.
